¿Y ahora qué sigue? Hacia una Gestión Integral y Conexa del Patrimonio en Cartagena de Indias

Por: Raúl Paniagua | Vía: Revista Metro | Fecha de publicación original (en Revista Metro): 12 de julio de 2026


Este artículo es una reproducción ampliada y para análisis basada en la columna de opinión publicada originalmente en Revista Metro bajo el título “Y ahora, ¿qué sigue?”.


La gestión del patrimonio cultural en ciudades históricas complejas como Cartagena de Indias no puede seguir operando bajo compartimentos estancos. La tradicional división entre lo que consideramos “material” y “inmaterial” ha demostrado ser, en muchos casos, una barrera para una protección efectiva y holística de nuestra identidad. Es imperativo transitar hacia un nuevo paradigma: el de los patrimonios conexos e integrales.

La dicotomía obsoleta: Material vs. Inmaterial

Durante décadas, las políticas públicas de conservación, fuertemente influenciadas por visiones eurocéntricas y monumentales, se han centrado en la “piedra”: las murallas, el Castillo de San Felipe de Barajas, los edificios coloniales del Centro Histórico. Si bien esta salvaguarda es crucial para mantener la declaratoria de Cartagena como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, a menudo ha ocurrido en detrimento de las expresiones vivas que dan sentido a esas piedras.

Por otro lado, el patrimonio inmaterial —nuestras músicas como la champeta y la cultura picotera, las Fiestas de la Independencia del 11 de Noviembre, los saberes culinarios, las tradiciones orales y las prácticas festivas de los barrios populares y corregimientos— a menudo ha sido relegado a un segundo plano, visto como algo “folclórico” y secundario, desconectado de los espacios físicos donde se manifiesta.

Esta separación es artificial. Una muralla sin la gente que la recorre, la vive y la cuenta, es solo una estructura inerte. Una fiesta tradicional sin un espacio público para celebrarse pierde su sentido comunitario. Como señalamos en nuestro análisis para Revista Metro:

“Tenemos que avanzar en romper la dicotomía del patrimonio material e inmaterial y en su lugar fortalecer el enfoque de los patrimonios conexos e integrales…”

La riqueza cultural de Cartagena es un tejido vivo donde lo material y lo inmaterial son inseparables. Imágenes cortesía de Revista Metro.

Hacia un enfoque integral: Naturaleza, paisaje y territorio

El enfoque de patrimonio integral no se detiene en la unión de lo material y lo inmaterial. Debe ir mucho más allá, incorporando elementos que tradicionalmente se han gestionado de forma separada o que han sido ignorados en la ecuación patrimonial, particularmente en el contexto del Caribe colombiano.

Es fundamental:

  • Incorporar los bienes y recursos naturales y ambientales: El ecosistema de la Bahía de Cartagena, los manglares, los cuerpos de agua interiores y el cordón insular no son solo “entorno”, sino parte fundamental de la historia y la sostenibilidad de la ciudad. La relación entre el ser humano y la naturaleza en este territorio es una construcción cultural milenaria.
  • Proteger el paisaje: El paisaje cultural cartagenero —la vista desde La Popa, la línea del horizonte entre el mar y la ciudad amurallada, la relación visual entre la ciudad histórica y los barrios— debe ser protegido de la especulación inmobiliaria y la desordenada planificación urbana. El paisaje es un bien común que narra nuestra evolución.
  • Integrar el patrimonio sumergido: Cartagena, como puerto clave en la Carrera de Indias, posee un incalculable patrimonio arqueológico subacuático en su bahía y aguas territoriales. Este patrimonio, frecuentemente amenazado por el expolio, debe ser investigado, protegido y puesto en valor como parte integral de nuestra historia marítima, no como un simple botín.

Los retos de la gestión integral en Cartagena

Adoptar este enfoque integral presenta desafíos mayúsculos para la institucionalidad local (IPCC, Alcaldía) y los organismos nacionales de cultura. Requiere una gobernanza más horizontal y una planificación intersectorial.

Uno de los mayores retos es superar la brecha entre el Centro Histórico y la “otra Cartagena”. La gestión patrimonial no puede seguir concentrándose exclusivamente en las murallas. Debe extenderse a los barrios y corregimientos, reconociendo y valorando el patrimonio presente en la arquitectura popular, los espacios de sociabilidad comunitaria y las tradiciones vivas de toda la ciudadanía.

Además, debemos enfrentar amenazas contemporáneas como el cambio climático, que pone en riesgo tanto el patrimonio material (erosión costera afectando fortificaciones) como el inmaterial (desplazamiento de comunidades costeras y pérdida de modos de vida tradicionales), y el turismo masivo desregulado, que amenaza con convertir la ciudad en un parque temático, vaciándola de su tejido social y cultural.

Conclusión

En palabras de Raúl Paniagua, el futuro de la gestión patrimonial en Cartagena exige una visión de conjunto. No podemos seguir protegiendo fragmentos de nuestra identidad de forma aislada. Solo a través de un enfoque de patrimonios conexos e integrales, que entienda el territorio, la naturaleza, la historia y la cultura viva como un todo indivisible, podremos garantizar la salvaguarda de la riqueza de Cartagena de Indias para las generaciones presentes y futuras.


Este artículo es un desarrollo de la idea central planteada por Raúl Paniagua en su columna para Revista Metro. Las opiniones y análisis aquí vertidos buscan profundizar el debate sobre la gestión cultural en el territorio.

 

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